"Cantar bien"
Sobre el famoso "chorro de voz" y otras consideraciones
Hola querides <3
El jueves pasado dimos un concierto precioso mi amiga Arisa Vedra y yo. También tuvimos a Marina Paredes como invitada especial (un besito a las dos). Lo hicimos en Libertad 8, uno de esos locales míticos de la canción de autor que, como tantas cosas buenas y auténticas, están desapareciendo peligrosamente de Madrid. Noté la falta de presupuesto en todas partes, desde el equipo de sonido hasta los picaportes del baño. Me dio un poco de pena darme cuenta de que el circuito cantautoril y sus lugares emblemáticos están de capa caída, pero supongo que llevan estándolo desde hace veinte años (lol). Podría romantizar (es lo que siempre hacemos), pero sinceramente ojalá no subieran los alquileres en esta ciudad y ojalá no tuviéramos que conformarnos con un ambiente “canalla” y pudiéramos disfrutar de subvenciones y las cosas funcionaran bien y nos sobrara el dinero y nos faltara el sol como en Noruega. No, eso último no. Pero bueno, el caso es que lo pasamos genial, todos los micros funcionaron, sonó lindo, la gente disfrutó, y, sobre todo, cantamos MUY BIEN.
Después del bolo, se me acercó un chico para felicitarme y, explicándome que era músico también y además muy propenso a fijarse en los detalles, me ofreció sus observaciones sobre mi actuación. Uno de sus comentarios, por supuesto dicho con buena intención por su parte, fue el siguiente: Con lo bien que cantas, ¿por qué te quedas en un registro tan suave? En unos pocos momentos has sacado más voz y más fuerza, me hubiera encantado verte todo el concierto ahí. Y añadía (esta parte es importante): Una chica cantando suave, eso lo hace cualquiera, pero las otras cosas que sabes hacer, eso sí que me ha llamado la atención.
“Una chica cantando suave, eso lo hace cualquiera…”
Quiero aclarar que este texto no es un beef contra nadie, sino más bien la respuesta extendida que me hubiera gustado darle a esa persona y que me ha parecido interesante compartir. Más allá de los gustos personales (este chico está en todo su derecho de disfrutar más de los chorros de voz y los virtuosismos que de la suavidad) y del valor de una opinión que nadie te ha pedido (me molesta que me den una opinión sobre mí cuando no la he solicitado, y más justo después de actuar, pero me gusta estar teniendo esta reflexión), esto es lo que pienso:
Primero, una vez más, este comentario nos da la bienvenida a la imposibilidad de ser artista y mujer. Hagas lo que hagas, sería mejor que lo hicieras de otra manera. Si eres una intensa y una gritona, a lo mejor deberías calmarte un poco. Y si cantas suave, te falta fuerza y qué te pasa, ¿¿no estarás triste??? Sea como sea, te pasaste. Y si no te pasaste, entonces fuiste muy mediocre, no tienes personalidad. No me imagino la misma escena con un cantautor hombre (tengo curiosidad: compañeros, ¿os ha pasado algo así? ¿Os comentan vuestras dinámicas y técnicas vocales?). La voz, conductora de la emoción (terreno vetado a los hombres), es el único instrumento que se nos ha permitido durante mucho tiempo, y sí, la dulzura era una de las condiciones. PERO desde las músicas de raíz del mundo entero (es decir desde el inicio de los tiempos lol), pasando por el blues y el jazz, y después el soul, el rock y el pop, por suerte ha habido referentas capaces de callar esta imposición dulce a gritos. Yo las amo a todas ellas, pero no a costa de desvalorizar lo suave. ¿Por qué no podemos sostener y celebrar ambas, todas las formas de expresión de las mujeres como seres multidimensionales, complejos, contradictorios y vivos que somos?
¿Por qué no podemos sostener y celebrar todas las formas de expresión de las mujeres como seres multidimensionales, complejos, contradictorios y vivos que somos?
Hay algo doblemente femenino en ser una mujer que canta suave, y creo que esa hipérbole molesta, y la gente acaba cayendo en una cosa machista antigua, equiparando suavidad con debilidad, vulnerabilidad con debilidad, feminidad con debilidad, a fin de cuentas. No se me ocurre nada más absurdo que perseguir lo vulnerable en un contexto de EXPRESIÓN artística. Creo que colectivamente aún no estamos entendiendo el por qué o el para qué de cantar, ni lo que realmente se mueve dentro de una persona cuando lo hace. Estas técnicas de “apretar”, “sacar el chorro”, “belting”, y todos sus derivados, a menudo ejercen una violencia sobre el cuerpo-instrumento basada en el (es)fuerzo, en forzar, que refleja una vez más la sociedad violenta en la que vivimos y los valores que esta predica. Nos encanta una diva del pop que “a pesar de las dificultades de la vida” tiene “mucha fuerza” porque proyecta muchísimo y hace vibratos y gira por el mundo entero, pero poco nos preocupa que esté llevando su cuerpo al límite en el proceso.
Para mí, escribir y cantar canciones no tiene nada que ver con cantar bien. Ni mucho menos con la dinámica o la técnica con que se canta. Todo eso viene después. ¿De qué? De la expresión (es curioso cómo en cantautores hombres esto parece darse por hecho). Cuando doy un concierto de mi música, no estoy en un examen donde demostrar mis capacidades, no estoy ligando, no estoy impresionando. Estoy contando mi historia, y a menudo partes de ella tan sutiles o inconscientes que ni yo misma comprendo racionalmente. Estoy expresando lo mío y lo del inconsciente colectivo. Estoy metiéndome dentro de la imagen de unos gatos que se lamen en los últimos rayos de sol de la tarde y expandiendo esa imagen hasta que invade todas mis células. Estoy en el dolor y en el duelo. Estoy en mi infancia, comiendo frambuesas. Cómo canto está exclusivamente guiado por lo que me piden estas canciones, mi voz está al servicio de lo que cuento, igual que lo están mis guitarras, mis melodías, mis letras… Y tengo mucha suerte de poder poner tantos recursos al servicio de la expresión, pero no significa que tenga que usar todos todo el rato o siempre los mismos. Lo exasperante es que jamás lograremos capturar las realidades que queríamos capturar. Lo bonito es que al convertirlas en canciones estamos creando realidades nuevas. Lo empoderante es que cada día las interpretamos ligeramente distintas (larga vida a los directos, muerte a la música hecha por IA). Lo triste es que solo veas la excelencia o la falta de ella. ¿Seguro que prestaste atención a todo lo que te contábamos? ¿O por ser mujeres diste por hecho que no te iba a interesar?
Hay algo doblemente femenino en ser una mujer que canta suave, y creo que esa hipérbole molesta
Lo más precioso y valioso del jueves fue la combinación de mi energía y la de Arisa. Tenemos muchísimo en común y muchísimo que nos diferencia. Amo sus canciones y sé que ella también me admira, nos influimos mutuamente, y comentamos todas las cosas que nos cuestan y nos encantaría conquistar. No necesariamente para sentirnos ganadoras y buenas, sino simplemente para seguir creciendo. Yo últimamente habito sobre todo el espacio suave que no necesita volumen, y algunas veces tonteo con el trueno invencible de la apertura vocal. Ari es más de lo contrario (lo complementario), y para ella lo pequeñito es un lugar de paso, perfecto, atento, necesario, y luego, pum, otra vez estamos arriba volando en las alturas.
Me siento lo suficientemente merecedora de mi espacio como para no necesitar gritar para defenderlo
Claro que es empoderante ocupar el espacio con el volumen de mis pulmones, de mis resonadores, de mi texto y mi energía. Pero igual de válido y de poderoso puede ser acunar mi verdad en un susurro, sentirme lo suficientemente merecedora de mi espacio como para no necesitar gritar para defenderlo. Cuando estoy en el escenario, estoy en casa, estoy en calma. Mi sistema nervioso debe estar regulado, quiero sentirme segura. Desde esa calma, puede darse el éxtasis, puede haber un pico de energía hacia arriba, o cincuenta, pero ante todo tiene que ocurrir lo que YO necesite y quiera que ocurra. Porque para eso son mis canciones y para eso es MI espacio. NUESTRO espacio como mujeres en el arte es para usarlo como NOSOTRAS queramos, y si eso te incomoda, el problema es tuyo. Eres tú el que sigue pensando que sabe mejor que una mujer lo que una mujer debe hacer con su lugar en el mundo. Mi suavidad o la exuberancia de Arisa te incomodan porque chocan con tu creencia de que el espacio artístico es para ……. (lo que TÚ crees que es). La próxima vez que veas a una mujer sobre un escenario, cuestiona tu pensamiento, y no sus decisiones artísticas. Porque ser hombre y no cuestionarse, querido amigo, eso, y no ninguna forma de cantar, lo hace cualquiera.
Muchísimas gracias a todas las que vinisteis el jueves y gracias por leer.
Nos vemos este martes abriendo el concierto de la cantautora neoyorquina Katy Pinke. Su música es evocadora y preciosa, pura fantasía indie folk. Estaré tocando un set de unos 40’ junto a Jan Raydán. Va a ser muy bonito, aquí las entradas: https://mutick.com/e/entradas-katy-pinke-en-madrid-fotomaton
Pronto más noticias sobre el disco y la presentación en Madrid.
Con amor,
Inés




Me gusta mucho tu reflexión.
Habitar la suavidad de la voz, dulzura para el alma.
Tener la libertad de ser un canal de expresión artística desde la coherencia de tu ser creo que es el mejor regalo para el espectador.